CritiQueen en… Regalos feos de Navidad


Por suerte la Navidad ya ha pasado. Y ahora con casi dos kilos de más ya podemos peregrinar a las tiendas para devolver todos los regalos que nos han dejado los 3 reyes tontos y el gordo de rojo bajo el árbol.

Asúmelo. No te han gustado los regalos que has recibido por Navidad. Pijamas, calcetines, zapatillas de estar por casa y la típica colonia son solo 4 de los más típicos regalos-clichés que un ser humano puede recibir por Navidad.

Que sean tus padres los que te han regalado toda esa sarta de regalos horrendo… Tiene un pase, pero ¿por qué? Mi teoría es que nuestros padres ya recibieron regalos horrendos de sus padres, por lo tanto para alinear el orden del universo ellos tienen el mismo derecho de hacer lo mismo con sus hijos. Es una putada, lo sé. Solo te queda pensar que tú le podrás hacer lo mismo a tu prole, si es que decides tenerla.

Mamá sé que lees esto, y también sé que sabes que voy a hablar del pijama más feo jamás comprado por una madre. ¡Efectivamente! Hace mucho tiempo mi madre me compró por Navidad EL PIJAMA MÁS FEO JAMÁS COMPRADO POR UNA MADRE. Os juro que si lo tuviera por aquí le haría una foto para que vuestras retinas se quemaran y a la par que vuestras mandíbulas se desencajaran de tanta risa.

Las prendas en cuestión eran de color verde casi fosforito y en la zona del pecho tenían la siguiente frase escrita: I (L) puk. Yo tampoco tengo ni puta idea de lo que quiere decir “puk”. ¿Hará referencia al código puk de las tarjetas SIM?

Los colores y la frase podrían pasar casi desapercibidos por el hecho de que el pijama tenía un tacto raro. Como incómodo, más bien áspero. Como si te estuvieras restregando un cactus por todo el cuerpo. Sí, sí, casi como aquel jersey rojo con renos blancos que te regaló tu abuela y que picaba tanto que casi te arrancas la epidermis a tiras. Tal cual.

Aix, “el pijama más feo jamás comprado por una madre” es una de mis anécdotas preferidas. Siempre que sale en un tema de conversación y está mi madre delante no pierde ni un segundo en partirse de risa. Y ya fliparéis si os digo que mi hermano también tiene su propia versión del “pijama más feo comprado jamás por una madre”. ¡También era verde fosforito! Menos mal que no coincidimos temporalmente con los pijamas porque si no hubiéramos parecido los hermanos pequeños de El Grinch.

Todo esto me otorga el soberano poder de que si algún día tengo hijos, una tortuga o un pez payaso yo también le compraré el pijama más feo jamás comprado por una madre. Sin duda otro clásico de mi casa por Navidad.

Vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale. Lo importante no son los regalos. Lo importante es que te guste lo que te regalen.

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