CritiQueen en… Sobredosis de azúcar

Ingrid Vera


Muchos de vosotros no lo sabréis, pero antes de que las redes sociales fueran tan populares la forma en la que las parejas eran cursis era muy diferente. Antes las únicas vías para ser cursi eran escribir una carta empalagosa, mandando mensajes de texto híper abreviados o  bien esperando a que tu amad@ se conectara al mítico Messenger. Antes el ser cursi se quedaba dentro de la pareja y como mucho se enteraban los amigos más cercanos por aquello de que nos gusta contarnos las cosas.

Ahora la expansión de internet y de las redes sociales hacen que saquemos al cursi que llevamos dentro en cada momento a través de fotos, selfies y hashtags muy empalagosos. Según mi punto de vista, hay varios tipos de niveles cursis en las redes sociales. Por un lado están los esporádicos, que son lo bastante inteligentes para saber que el amor que sienten el uno por el otro es lo bastante fuerte como para no tener que publicar una foto juntos cada segundo. Se podría decir que son los más moderados y de ramos a pascuas verás alguna cursilería en sus muros.

Por otro lado están los desequilibrados. No son desequilibrados porque estén pirados (que lo están), su nombre hace referencia a aquellas parejas en las que una parte es muy cursi y la otra es normal o simplemente pasota. De hecho la parte normal de este tipo de relaciones se siente bastante avergonzada cuando su amante bandido no deja de publicar cursiladas por cada red social a la que tenga acceso. Es un poco el hazmerreír de sus colegas más puntillosos, porque su pareja es tan cursi que los demás no pueden parar de recordárselo.

Por su parte, el cursi de este dúo no llega a comprender la pasividad de su pareja en cuanto a las redes sociales e incluso suele pensar para sus adentros que es una falta de amor. Pero al cursi le da todo igual y va repartiendo azúcar todos lados. En cierto modo estos dos se complementan, y sus amigos los aguantan porque saben que podría ser aún peor.

Y por último están los ridículos, que son todos aquellos en los que ambos miembros de la pareja son extremadamente cursis. ¡A más no poder! Los puedes distinguir fácilmente porque son los que se dedican todas y cada una de las cosas que publican en sus perfiles sociales. Si están juntos porque están juntos y si están separados porque están separados. Sobredosis de azúcar es lo que sientes cuando publican cualquier tontería…

Que si fotos dándose besos apasionados, abrazados, mensajes cifrados, parrafadas amorosas, fotos postsexo. Sí, son muy chabacanos y empalagosos. ¡Y lo hacen de forma pública y casi universal! Porque está peña no sabe lo que es la privacidad y mucho menos en internet. ¿Estamos pirados? Vale si a ti te gusta ser cursi, pero no hace falta que proclames tu amor ante todo el universo online.

En realidad estos tres grupos de personas son muy pesados e insoportables en diversos grados. No hay que confundir ser romántico o detallista con ser un cursi de mierda. Uno puede ser cursi en momentos puntuales y dar rienda suelta a sus más íntimos pensamientos a través de las redes sociales, pero es que cuando lo haces todos los malditos días es porque eres un cursi que roza lo ridículo. Ser así solo demuestra lo que ya sospechaban tus amigos desde un inicio, necesitas llamar la atención a toda costa.

Querido oso amoroso, si quieres a tu novi@ díselo a él/ella porque al resto nos la pela. Por cierto, ¿te cuento un secreto? Lo más importante es lo que pasa en la vida real, así que proclámele tu amor a la cara.

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