Cuando el acoso escolar te cuesta la vida


Se llamaba Alan y tenía 17 años. Vivía en Barcelona y desde siempre había sentido que el cuerpo en el que le había tocado vivir no era el suyo. En diciembre de 2015 consiguió que un magistrado le autorizase el cambio de nombre en su DNI, algo que tan solo habían conseguido 25 menores en España.

En su entorno familiar estaba aceptado el hecho de que Alan fuese un chico, tenía el apoyo de la organización Chrysallis  y parecía que todo mejoraba, pero el entorno escolar no le puso las cosas fáciles. Sufría acoso escolar, lo que originó una depresión en el joven que le llevó a cambiar de instituto y a ser ingresado en el Hospital Clínic de Barcelona. En el nuevo centro la situación se repetía, pero, después de las fiestas navideñas, el centro y la familia tenían prevista una reunión para atajar el problema.

El 24 de Diciembre Alan pudo salir del Hospital para celebrar las Navidades en familia, pero no aguanto más y se quitó la vida. Su madre daba así la noticia:

“Siento en el alma tener que dar esta terrible y triste noticia. Nuestro hijo Alan se quitó ayer su corta vida de 17 años. No pudo con la presión de la sociedad y nos ha dejado para siempre. Muchas gracias por todo vuestro apoyo recibido.”

La familia del joven pensaba que con su nueva identidad en la que se reconocía su condición de hombre Alan podría enfrentar mejor esta situación. Pero el problema venía de fuera, de un entorno que no solo no aceptaba esta realidad, sino que le acosaba en su día a día.  La organización Chrysallis afirma que no se trata de un suicidio sino de un asesinato social provocado por las transfobia y el acoso que recibía.

Varias ciudades se han manifestado tras la muerte de Alan con el lema “La transfobia nos mata”: el desconocimiento, los prejuicios, la homofobia y la falta de educación puede llevar a jóvenes transexuales al suicidio. Se trata de una etapa difícil de por sí en los adolescentes, pero aún más compleja en los jóvenes que no se sienten de acuerdo al cuerpo en el que les ha tocado vivir.

Por Alan ya no se puede hacer nada, y lamentablemente sucesos como este son los que provocan un cambio en nuestra mentalidad y finalmente en la sociedad. Hasta que no pasa algo tan extremo como el suicidio de un joven de 17 años, las Administraciones no harán nada, los centros harán lo justo con las herramientas (escasas) que tienen, los jóvenes seguirán señalando con el dedo “al distinto” y los padres de estos jóvenes no educarán a sus hijos en la igualdad real y en el respeto a sus semejantes.

Pero esperemos que este asesinato social no caiga en el olvido y nos abra los ojos. Todos tenemos que colaborar, pero en especial los compañeros de chavales transexuales, porque sin darse cuenta pueden hacer un daño que jamás se podrá reparar.

 

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