Experimentos psicológicos que fueron demasiado lejos

Experimento psicologico extremo Fuente: captura youtube


El cerebro es probablemente el órgano más desconocido del cuerpo humano. Por mucho que lo disecciones, podrás conocer su morfología, su peso, su textura… Pero, ¿cómo descubrimos la manera en que funciona? A lo largo de la historia se han realizado todo tipo de experimentos para descubrir que partes del cerebro controlan la alegría o la tristeza o determinada parte del cuerpo. A veces, estos experimentos han sobrepasado los límites éticos más básicos y se han hecho cosas que hoy consideraríamos impensables. ¿Creéis que vale todo en el nombre de la ciencia? Para responder a esta pregunta, a continuación os dejamos 3 experimentos psicológicos brutales:

-John Money, la identidad sexual y el niño que no tenía pene. La historia de David Reimer es muy triste. Sufrió un accidente cuando le fueron a practicar la circuncisión siendo un bebé y perdió el pene. Nació en los años 60, cuando las posibilidades de la cirugía eran mucho más limitadas, por lo que era imposible reconstruir el órgano. Su familia, desesperada, acudió al psicólogo John Money, que defendía que la identidad sexual era algo aprendido. David fue criado como niña, sin saber la verdad, sometido a terapia durante toda su infancia. Cuando empezó a tener uso de razón, manifestaba tanto en su comportamiento como con sus palabras, qué se sentía varón. Sin embargo, las ansias de Money por tener razón llevaron el experimento demasiado lejos, hasta que a la edad de 15 años Reimer se plantó y empezó a vivir como un hombre, que era como se había sentido desde que recordaba. Las secuelas hicieron que acabara por suicidarse años después. Abajo tenéis el documental que Reimer grabó para denunciar su caso y evitar que otras personas pasaran por lo mismo.

-El experimento de la cárcel de Stanford. Philip Zimbardo, un profesor de la Universidad de Stanford, creó una prisión ficticia en los sótanos de la universidad. Dividió a los voluntarios en presos y guardas. El experimento se descontroló de tal manera que tuvo que ser suspendido antes de que se cumpliera la primera semana. Los guardas enseguida adoptaron comportamiento abusivos, humillando y maltratando a los presos. Algunos se volvieron sádicos. Los presos acabaron por sentirse tan sometidos que, pese a que podían abandonar en cualquier momento, no lo hacían, por mucho que sufrieran. Desarrollaron desórdenes emocionales, incluso traumas severos. Este experimento demostró que una autoridad legitimadora y el apoyo institucional influye en los roles que se adoptan y en la obediencia de las personas.

-El experimento Milgram. Cuándo terminó la Segunda Guerra Mundial, muchos de los lugartenientes de Adolf Hitler fueron juzgados y condenados. En su defensa alegaron que ellos sólo estaban cumpliendo órdenes cuando cometieron tantas atrocidades durante el genocidio judío. Stanley Milgram ideó un experimento para tratar de comprobar cuanto de verdad había en eso. Los voluntarios se repartían el rol de maestro y el de alumno. El funcionamiento era sencillo: el investigador ordenaba al maestro hacer preguntas al alumno y si no contestaba o lo hacía incorrectamente recibía descargas eléctricas. Lo que no sabían los maestros es que los alumnos fingían que sufrían con cada descarga. El investigador ordenaba al maestro subir la potencia. Los resultados fueron alucinantes. El 65% de los maestros llegó a aplicar la descarga máxima a pesar de que el alumno sufría y gritaba que padecía del corazón, sólo porque se les ordenaba que lo hicieran.

https://www.youtube.com/watch?v=8rocRcUOwFw

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