CritiQueen en… Gente que te quiere evangelizar

Hoy y cada día a la caza. Plaza de Mª Cristina, Barcelona. Hoy y cada día a la caza. Plaza de Mª Cristina, Barcelona.


¿Cansado de tu ateísmo? ¿Has decidido qué ser agnóstico no te lleva a ninguna parte? ¿Empiezas a intuir que existe un dios? No te preocupes te traigo la solución: ¡Déjate evangelizar!

¿Cuántas veces te han tratado de evangelizar? A mí un montón de veces. No sé por qué, ¿me verán cara de agnóstica diabólica?

La primera persona que quiso que me convirtiera a su religión fue una de mis abuelas. Cuando tenía 4 años me llevó por primera vez a una misa en una iglesia católica. Recuerdo que a los 10 minutos yo me moría del asco y muy oportunamente me entraron unas ganas terribles de hacer pis. Saqué casi arrastras a mi abuela de la iglesia entre gritos y sollozos, porque mi hermoso culito no podía tocar un baño público y lo correcto era volver a casa.  Ha habido dos consecuencias de este hecho: La primera es que desde entonces evito los baños públicos y la segunda es que mi abuela nunca más volvió a intentar llevarme a una iglesia.

Si el universo fuera perfecto nadie más hubiera intentado evangelizarme, pero como no lo es…

Hace unos días bajé a hacer la compra y una mujer intentó entregarme un folleto sobre una iglesia. “No, gracias”, le dije mientras pasaba de largo. Aquella fémina se indignó mucho y me grito: “¿ES QUÉ ACASO NO CREES EN EL SEÑOR?”.  Señora pirada, si estás leyendo esto quiero decirte que ‘no’ significa ‘no’ y que ‘gracias’ es una símbolo cortes que indica educación. La gente está fatal, tan mal como aquellos dos que conocí en una línea de metro de Grecia. Eran una pareja de dominicanos muy metidos en la fe evangélica y yo una joven que iba hasta la última parada del metro. Menuda brasa me dieron, hasta me entregaron un folleto sobre el dogma evangélico (que evidentemente tiré a la basura). Todo empezó como empiezan todas las conversaciones cuando estás en el extranjero, “ah, ¿pero hablas español?”. Reconozco que la pareja era muy agradable y que yo tenía mucha curiosidad por saber qué hacían en Grecia. Cuando se pusieron a hablar sobre su congregación fue demasiado tarde como para pasar de ellos. Mientras intentaban captarme me preguntaba si estas personas harían este reclutamiento a menudo y qué puede llevar a una persona a intentar convencer a otras sobre una fe. Sinceramente sus argumentos eran estúpidos, es más, se quitaban méritos a ellos mismos porque consideraban que su dios les había dado trabajo o que les había dejado superar una enfermedad poco grave. Esfuerzo y medicina, ya está.

Imagino que la gente que tiene un comportamiento tan fanático y facilidad de palabra lo tiene más fácil a la hora de captar nuevos adeptos. Pero seamos francos. Solo las personas débiles, solitarias por obligación o las ovejitas de un rebaño se sienten tan vacías como para caer en ese juego de manipulación. ¿No os recuerdan a las sectas? Todos podemos lidiar con que nos intenten evangelizar de forma educada pero hay veces que estos idólatras se pasan.

Una tarde a mis 17 años cogí un autobús, me senté y me puse a escuchar música. Unos minutos más tarde una mujer de mediana edad subió al mismo autobús, se quiso sentar en el mismo instante en el que el bus dio un giro brusco y se cayó al suelo. Muy amablemente le ayude a incorporarse y seguí a lo mío. Un segundo más tarde esa señora se había sentado mi lado y me había sacado una estampita con la imagen de un tío crucificado. Muy sorprendida me quite los casos y le solté un “no, gracias”. La mujer empezó a insistir en que me quedara con la imagen porque era “como llevar al señor contigo” y que “era por mí propio bien”. Yo, que soy muy temperamental, me empecé a cabrear y le dije que no creía en ningún dios. ¡Ahí, ahí, ahí! Soy una bocazas. Me empezó a contar un millón de gilipolleces sobre su religión y como no me apetecía discutir decidí volver a ponerme los cascos y pase de ella. Oh, si esto hubiera sido todo no hubiera merecido la pena llegar hasta aquí. Esta mujer empezó a hacer oraciones por mi alma pecaminosa. Se puso de pie y empezó a bendecirme una y otra vez, a la par que gritaba que tenía que creer en dios. Creo que me hizo un exorcismo exprés. A cuadros me quedé yo también, solo le faltó echarme agua bendita. Malditos extremistas.

Gente, si hay algo que de verdad es divino en este universo, que nos regala su conocimiento y que encima te ayuda desde cualquier parte del mundo… Mi dios es Google. ¡Alabada sea la fibra óptica!

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